Los músicos del siglo XXI vivimos en un mundo donde nadie tiene tiempo de nada y la principal preocupación de la mayoría es su productividad. Es por esto que practicar con nuestro instrumento puede convertirse en una tarea titánica. Se estima que invertimos entre 27 y 46 min en llegar de casa al trabajo, siendo los madrileños los que invierten más tiempo y los granadinos los que menos. Esto son datos de la aplicación de transporte Moovit. Además, este gran ladrón de tiempo parece que reduce la sensación de bienestar (estudio). En este contexto, el estudio mental puede jugar un papel clave en nuestro desarrollo musical, aprovechando los momentos donde no tenemos posibilidad de estudiar con el instrumento.

Voces en la cabeza

Quizás te suene raro, pero sé que escuchas voces en tu cabeza. Además, también ves imágenes, ya sean recuerdos, especulaciones sobre el futuro o escenarios aleatorios. No te preocupes, esta habilidad se llama imaginario mental y es innata en todas las personas (artículo).

Toda esta actividad es, al contrario de lo que se dice, muestra de buena salud psicológica. De hecho, hace al menos una década que se investiga con ella para mejorar psicopatologías (articulo). Además, investigaciones recientes señalan que el imaginario, también llamado ojo mental, puede efectuar cambios físicos en la actividad cerebral. Se empezó estudiando a pacientes con derrames cerebrales (estudio, estudio) y después a deportistas (estudio, estudio). También parece suceder lo mismo en músicos, tanto amateurs (artículo) como profesionales (artículo, estudio).

Conviene remarcar que estos estudios combinan el estudio mental con dosis pequeñas de estudio físico. Esta combinación parece ser más efectiva que cualquiera de las dos formas de estudio por separado. Esto refuerza la idea de que tocar bien consiste más en reprogramar el cerebro que en construir músculo.

Estudio mental en músicos

Por lo general, pensamos que la única forma de mejorar con nuestro instrumento es practicando. Sin embargo, el abuso de esta estrategia puede producir lesiones. Una solución a este problema puede ser introducir el estudio mental en tu rutina.

Para entender cómo funciona, veamos un estudio clásico en el tema. Observaron grupos de gente que no habían tocado nunca un instrumento musical durante un entrenamiento de 5 días. Un grupo estudió un ejercicio de 5 dedos durante 2 horas al día, mientras que el otro solo imaginó el mismo ejercicio. El segundo grupo debía de sentarse el mismo tiempo en el piano, visualizar todos los movimientos e imaginar los sonidos, pero sin tocar una tecla. Después de cada sesión de estudio, se hacían pequeños controles del ejercicio acompañados de una estimulación magnética transcraneal (EMT) que se usó para ver qué parte del cerebro era relevante para los movimientos de los dedos. También hubo un grupo de control que no estudió, pero sí tuvo controles del ejercicio.

Resultados de los escáneres cerebrales al final de cada día de estudio. Fuente: https://doi.org/10.1152/jn.1995.74.3.1037

Como era de esperar, el grupo de control apenas mejoró. El grupo que más mejoró en los controles fue el que estudió físicamente, seguido del que solo imaginó que tocaba. Sin embargo, los cambios en el cerebro fueron los mismos, según los escáneres. Los investigadores concluyeron que una parte del aprendizaje se realizaba al ejecutar la interpretación, así que añadieron una última fase al experimento: hicieron tocar durante 5 minutos al grupo que había estudiado mentalmente. Con este pequeño retoque, los resultados fueron tan buenos como los que estudiaron físicamente.

Medición de los errores durante los controles. Grupo de control (cuadrdados), grupo de estudio físico (círculos negros) y grupo de estudio mental (círculos blancos). Fuente: https://doi.org/10.1152/jn.1995.74.3.1037

El estudio deja dos posibles interpretaciones al éxito de estos 5 minutos extra. Una opción es que estimulara los caminos sinápticos que el estudio mental había preestablecido. La otra posibilidad es estuvieran más desinhibidos, ya que habían podido experimentar lo que habían estado practicando. En ambos casos, parece que estudiar mentalmente puede ser tan eficiente como hacerlo físicamente siempre que pases, al menos, un poco de tiempo con tu instrumento.

La actitud es importante

Una de las frases que se le atribuye a Henry Ford es: tanto si crees que puedes como si crees que no, estás en lo cierto. Esta paradoja parece describir bastante bien el comportamiento de nuestro cerebro, ya que lo condicionamos a desarrollarse hacia dos posibles direcciones:

  • Espiral virtuosa: imaginas una actuación (o fragmento) que estés estudiando con mucho detalle y tu cerebro va aprendiendo los movimientos reflejos que más tarde necesitará. Con el tiempo, estas conexiones se fortalecerán y harán mejorar tu nivel, reforzando tu seguridad y propiocepción.
  • Círculo vicioso: crees que no puedes hacerlo y no te imaginas detalladamente tocando bien. Debido a esa falsa creencia, tu cerebro no se esfuerza en mejorar (y no mejora). Esto te genera ansiedad, que activa la amígdala, sobreestimulando el sistema límbico. Entonces es cuando entra en acción el giro cingular, un supresor neural que dificulta la labor de aprendizaje mientras prioriza la supervivencia (estudio, estudio, estudio).
Esquema del círculo vicioso del imaginario negativo. Fuente: http://journals.rta.lv/index.php/AMCD/article/view/1363.

Conclusiones del estudio mental

El estudio mental puede ser una gran alternativa para la gente que no encuentra tiempo para estudiar. Ahora ya sabes que puedes estudiar tu próximo concierto mientras esperas el autobús para ir al trabajo, o durante una larga escala en un aeropuerto. Eso sí, ten en cuenta que necesitas poner todo ese estudio en práctica para hacerlo efectivo.

Para acabar, no olvidemos que la actitud es decisiva. Ten mucho cuidado con lo que imaginas y la imagen que tienes de ti mismo. Recuerda que tienes un gran potencial, ¡depende de ti desarrollarlo!

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