Hace ya unos años viajé a Dinamarca para estudiar con Kristian Steenstrup, uno de los pedagogos de trompeta que conoce más en profundidad la filosofía de Arnold Jacobs y su concepto de Song and Wind. Es una experiencia que me ha cambiado la forma de entender lo que significa «tocar bien».
La ciencia detrás de lo que hacemos
Lo que más me impactó de trabajar con Kristian al principio fue descubrir que la ciencia podía explicar por qué funcionan muchas de las cosas que hacemos con la trompeta. No era solo «sopla así y te saldrá», sino que había una lógica detrás de cada ejercicio, de cada indicación, de cada forma de practicar.
Jacobs se había adelantado a su época. Muchas de las cosas que él proponía por intuición y experiencia docente fueron confirmadas posteriormente por estudios en neurociencia. La idea de que el cerebro controla el cuerpo a través de la imaginación auditiva, de que la intención musical es más importante que la mecánica, de que podemos practicar aun cuando no tenemos el instrumento delante. Todo eso, que en los años 60 parecía filosofía, cada vez parece tener más consenso científico.
Kristian lo explicaba con una claridad que a mí me abrió los ojos. Probablemente lo más característico fue cómo trabajaba el sonido. Si te interesa esta base teórica, la desarrollé con más detalle en los artículos sobre el sonido (la teoría y práctica).
La audición interna lo es todo
Si tuviera que resumir lo que he ido aprendiendo en una sola idea, creo que sería esta: la parte más importante de tocar la trompeta es lo que oyes dentro de tu cabeza antes de tocar. La audición interna.
Suena abstracto, pero es muy concreto. Antes de emitir una nota, tu cerebro necesita tener una imagen clara de cómo va a sonar. Si esa imagen es precisa, el cuerpo se organiza para producirla. Si no la tienes, vas a tientas. Y cuando tanteas, es la trompeta del padrón: unas veces suena… y otras no.
Esto cambia completamente la forma de estudiar. Ya no se trata solo de repetir pasajes. Se trata de cantar, de escuchar, de imaginar el sonido con detalle antes de producirlo. Y lo mejor es que parte de ese trabajo se puede hacer sin tener la trompeta delante: en el coche, en la cama, caminando por la calle. Lógicamente, esto no es magia y hay que estudiar físicamente también, pero en entornos donde el tiempo de estudio escasea, estas opciones fuera del aula pueden paliar el golpe.



