Seguro que conoces a alguien con oído absoluto. O quizás tú tengas la suerte de poseer esta habilidad. En todo caso, ¿sabes de qué se trata?

En estos días de rebosante tiempo libre, he aprovechado para ponerme al día con unas lecturas que tenía pendientes. Algunas de ellas musicales, como Psicología de la música, Así es la música y Las fronteras del significado. Me llama la atención que el oído absoluto sea un tema muy recurrente en libros de temática musical. Psicólogos, físicos, intérpretes y teóricos musicales hacen correr ríos de tinta explicando las ventajas y los inconvenientes de esta sensibilidad especial. Vamos a conocerla un poco mejor.

¿Qué es el oído absoluto?

El oído absoluto es la habilidad de reconocer las notas con solo escucharlas, es decir, sin referencias previas. Esto significa que un oyente absoluto puede recordar una cantidad de frecuencias, como mínimo, equivalente a las 88 teclas de un piano.

Esta habilidad es, además, muy inusual. Se calcula que sólo 1 de cada 10.000 personas la posee (artículo) y en músicos sólo 1 de cada 5 (estudio). Parece sorprendente que los niños que estudiaron a más temprana edad, desarrollaron el oído absoluto hasta en un 50% en países como Japón (estudio).

Quizás entiendas mejor la rareza del oído absoluto si lo contrastamos con otros sentidos. La vista, al ser otro sentido basado en captar e interpretar ondas, puede servirnos de ejemplo. Imagina que estás desayunando un día y se te rompe una de tus 4 tazas azules. Entonces, decides ir a la tienda a por una de repuesto, pero tienes que elegir entre 15 modelos con distintos tonos de azul. Seguramente volverás a casa a por una taza que te sirva de referencia antes de comprar la nueva. Lo mismo sucede con el oído: la mayoría de la gente sabe si lo que escucha es más bien agudo o más bien grave, pero pocos sabrían decirte con precisión cual es la nota que está sonando. Por tanto, la gente con esta habilidad reconoce el nombre de una gran cantidad de frecuencias.

Genetistas y ambientalistas

Las causas del desarrollo del oído absoluto son todavía objeto de debate entre los expertos. Este tipo de discusión, presente en temas como la vocación profesional o el carácter de las personas, se conoce en inglés como “Nature vs Nurture”, es decir, lo innato contra lo adquirido, o también nace o se hace.

Por ejemplo, los genetistas –creen que es innato– defienden que la población asiática tiene más tendencia a desarrollar oído absoluto. Sin embargo, los ambientalistas –creen que se desarrolla en función del contexto– argumentan que idiomas como el chino o el vietnamita, que contienen un elemento de entonación, favorecen el oído absoluto. Nos cuenta John Powell que, en mandarín, cada palabra tiene varios significados en función de su tono. Por ejemplo, la palabra ma puede significar madre –tono agudo y uniforme–, cáñamo –tono medio y luego subes–, caballo –empiezas grave, bajas y luego subes– o perezoso –si empiezas agudo y dejas que caiga el tono–.

Además, todos los intentos de desarrollar oído absoluto en adultos han fracasado rotundamente. Y, aunque esto parezcan buenas noticias para los genetistas, se ha llegado a un consenso en el que ambos grupos opinan que, a partir de los 7 años, es prácticamente imposible trabajar esta habilidad. Para entender esto, tenemos que aclarar que los bebés gozan de una neuroplasticidad adicional, que les permite aprender con facilidad las habilidades esenciales: caminar, hablar, hacer cálculos sencillos, etc. Muchos expertos coinciden en que el periodo en el que el cerebro absorbe tanta información se cierra a los 7 años de vida. Esto sugiere que, conforme retenemos palabras, números o movimientos; nuestro cerebro podría ser capaz de retener frecuencias musicales en la memoria a largo plazo.

Por otra parte, el oído absoluto se suele manifestar en familias de músicos y a una edad temprana (estudio). Los genetistas suponen la presencia de algún gen de transmisión familiar que facilite esta habilidad. Por su parte, los ambientalistas deducen que el contacto musical a temprana edad permite aprovechar la neuroplasticidad de la que hablábamos antes, permitiendo a los hijos de músicos desarrollar el oído absoluto cuando son más pequeños.

¿Cómo saber qué tipo de oído tengo?

A pesar de ser difícil de definir lo que es el oído absoluto, me gustaría destacar 2 clasificaciones. La primera, agrupa a los oyentes en 2 grupos.

  1. Oyentes activos: necesitan cantar para poder reconocer un tono. Se cree que puede ser debido a un desarrollo o entrenamiento parcial del oído.
  2. Oyentes pasivos: es suficiente con escuchar los sonidos para entenderlos, independientemente del tipo de oído que tengan.

La segunda clasificación agrupa a los oyentes en 4 grupos:

  1. Oído absoluto: capacidad de reconocer sin mucho esfuerzo cada una de las notas musicales, ya sea sueltas o agrupadas.
  2. Oído absoluto residual: capacidad cantar o detectar una melodía concreta en su tono original. Sucede con frecuencia en canciones muy familiares.
  3. Oído relativo: capacidad de reconocer las notas por su contexto armónico o melódico, es decir, un cierto dominio de los intervalos.
  4. Oído nulo (tone deaf): incapacidad de discriminar la altura de las notas. Aunque todo se puede conseguir con trabajo, probablemente requiera mucho esfuerzo desarrollar el oído a este perfil de gente. Normalmente, suelen tener poco interés por la música.

John Powell nos explica en Así es la música un método muy sencillo para averiguar qué tipo de oído tenemos. Primero, selecciona algunas de tus canciones favoritas. Después intenta cantar la primera nota antes de escucharla. Pueden pasar 3 cosas: que aciertes todas –enhorabuena, posees oído absoluto–, que aciertes algunas –tienes oído residual– o que falles todas –no te preocupes, tu oído es relativo, ya que si fuera nulo no tendrías por costumbre escuchar música–.

Eres más abstracto de lo que crees (relativo)

Piensa en un pantalón. ¿Lo tienes? Quizás has imaginado unos vaqueros, o quizás unos bermudas rojos, o puede que unos de chándal negros. Pero el concepto de pantalón como prenda de ropa que nos cubre de cintura para abajo es el mismo en todos los casos. Además, también lo entenderías tanto si te lo dijera una niña, un anciano, un hombre o una mujer, aunque su timbre sea diferente.

Lo mismo sucede cuando escuchas una melodía. Tu cerebro la analiza, transformando la materia sonora en materia musical abstracta, sin que tengas que preocuparte. Esta abstracción se basa en la relación de cada sonido con el anterior. Para ello, compara las propiedades del sonido, que son frecuencia, duración, intensidad y timbre. Entonces, el objeto musical se libera del sonido que lo ha generado y adquiere identidad propia. Por eso podemos reconocer melodías cuando alguien la silba por la calle.

Esta capacidad de abstracción parece desarrollarse a edades tempranas, puesto que los recién nacidos ya se centran más en los aspectos relativos de la estructura musical que en los absolutos. (estudio). De hecho, los bebés son capaces de reconocer una secuencia musical presentada a dos velocidades distintas, siempre que se mantengan las relaciones temporales internas (artículo).

Pros y contras

Una habilidad como poder identificar cualquier nota con solo oírla deja a poca gente indiferente. El oído absoluto te brinda, al menos, estas 5 ventajas:

  1. Poder imaginar las notas en tu cabeza antes de tocar hará que falles menos notas, sobre todo en instrumentos de viento metal.
  2. Identificar los acordes es mucho más fácil cuando sabes qué notas están sonando.
  3. Improvisar es más fácil cuando puedes escuchar en qué tono está el grupo.
  4. Componer es más fácil cuando sabes qué nota quieres escribir.
  5. Afinar es más fácil, siempre que sea en el sistema de afinación al que tengas acostumbrado a tu oído absoluto.

Sin embargo, quienes disfrutan, o más bien padecen, este tipo de oído tienen que lidiar con estos inconvenientes:

  1. Escuchar a músicos desafinados puede resultar hasta doloroso. ¡Imagina tocar con ellos!
  2. Cuando tocas en otro sistema de afinación, no sólo te cuesta más adaptarte, sino que te resulta casi imposible hasta de escuchar.
  3. Las notas te persiguen cuando escuchas ruidos por la calle, haciendo que desconectar sea prácticamente una tarea imposible.
  4. Confiar demasiado en tu oído puede debilitar tu iniciativa, al reaccionar al resto de músicos. Por eso, liderar un grupo puede costarte un poco más.
  5. Tocar con instrumentos transpositores puede ser muy confuso. Hay quien tiene incluso que aprender nuevas posiciones transpuestas para cada uno de los tonos en los que estén sus instrumentos.

Ejercicios para trabajar el oído

Cuando aparece un debate tan extenso como el de los genetistas y ambientalistas, la verdad suele estar en un punto intermedio. En el caso de desarrollo del oído, todos coinciden en que el oído relativo sí que se puede entrenar. De hecho, existen métodos de dictados por niveles –como el de la editorial SIBEMOL– que son muy útiles para practicar el oído.

Por otra parte, mucha gente experimenta un gran desarrollo del oído cuando empieza a transcribir música. El ejemplo más común son los intérpretes de jazz, que escriben (y estudian) las improvisaciones de sus artistas favoritos. Quizás es un poco difícil para empezar, pero lograrás un buen desarrollo si ya partes de un cierto nivel.

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Para mejorar tu oído vas a tener que escuchar mucho. Por suerte, los que más se divierten son los que más aprenden, así que busca una forma que te resulte entretenida.

Por romper una lanza en favor de los ambientalistas, he de decir que hay al menos un adulto que consiguió desarrollar oído absoluto en sus 30 (artículo), aunque parece que no fue nada fácil. Este músico amateur tocó repetidamente el La de su piano durante 2 semanas, intentando memorizarlo. Abandonó este ejercicio al ver que no funcionaba y, pese a intentarlo años más tardo, obtuvo el mismo resultado.

Más adelante, encontró un sistema para generar notas aleatorias por ordenador. Grabó una cinta con sonidos aleatorios y uniformes desde el La#2 (117 Hz) hasta el La 5 (880 Hz) que duraba 10 horas. ¡La escuchó durante 60 horas! Además, también parece que usaba gran parte de su tiempo libre en pensar en la altura de las notas. El esfuerzo titánico que realizó le sirvió para acertar el 65% de las notas de un test con exactitud, y el 97’5% con una diferencia de ±1 semitono. Se puede decir que había desarrollado el oído absoluto pasivo. Dicho esto, ¿merece la pena tanto esfuerzo?

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1 comentario

Deivis Orozco · 9 julio 2020 a las 15:00

Muy interesante sus consejos

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