Uno de los grandes problemas a los que se enfrentan quienes toquen un instrumento de viento metal es la resistencia. Especialmente las trompas y trompetas tienen grandes dificultades cuando tienen que tocar durante mucho tiempo. Esta cuestión tiene un componente físico y otro psicológico. Hoy vamos a tratar de explicarlos.

They don’t give a shit

Hace un tiempo vi un vídeo donde Thomas Gansch hizo unos comentarios sobre la resistencia que cambiaron mi forma de entenderla. Por si no lo conoces, es el líder del grupo Mnozil Brass, y también un gran humorista. En el vídeo, decía que hay que tener muy claro que a nadie del público le importa cómo te sientes cuando fallas una nota. Les da igual si estás cansado, o desconcentrado, o si has dormido mal. A nadie le importa cómo te sientes en el escenario.

Thomas Gansch lo dice en clave de humor, pero hay una buena filosofía detrás de esas palabras: si te dejas influir por el público, estás perdido; pero si crees que a la gente no le importa, acabará por dejar de importarte a ti… y mejorará tu resistencia.

Factor fisiológico

Como ya sabes, el punto débil de los músicos de viento metal son los labios. Vemos a menudo como éstos dejan de vibrar por sobreesfuerzo, y esto nos produce impotencia y dolor. Los músicos sentimos más dolor en las partes de nuestro cuerpo que más necesitamos para tocar (estudio).

Como podrás imaginar, no significa que tengas que sufrir para tocar. Cuando vemos a grandes músicos en acción como si no les costara ningún esfuerzo, es posible que sea exactamente eso lo que esté sucediendo. Como ya hemos visto muchas veces, tocar bien es muy simple, pero nos complicamos la vida. Así que vamos a ver qué estrategias pueden ser útiles para mejorar nuestra eficiencia.

Buen sonido

Un buen sonido es sinónimo de eficiencia, como ya hemos comentado en alguna ocasión. Tocar en el centro de las notas significa aprovechar el punto máximo de resonancia del instrumento. Cuando esto sucede, las vibraciones del instrumento se retroalimentarán, ayudándote en la producción de sonido. Esta resonancia facilita mucho la producción, permitiéndote tocar durante más tiempo.

Buena afinación

Después de la producción de sonido, la afinación es lo más importante. Sus ventajas son más evidentes cuando tocamos en sección. Además de mejorar el sonido general, todo se entiende mejor. En agrupaciones mayores –como bandas u orquestas– las secciones afinadas no interfieren en la percepción de los instrumentos con menos potencia. Al mejorar la calidad, tocar fuerte deja de ser prioritario, lo que te permitirá ahorrar energía.

Factor psicológico

En los últimos años, ha habido una creciente demanda de preparadores psicológicos en deportistas. Recientemente, algunos especialistas se han empezado a dedicar a preparar también a músicos, como es el caso de Don Greene o Noa Kageyama. A continuación, vemos algunos ejemplos de cómo el factor psicológico puede sernos de ayuda en la música.

Confiar en la música

Para tocar bien hay que sincronizar un gran número de habilidades (respiración, dedos, articulación, vibración eficiente…). Intentar resolver todos estos problemas a la vez cuando tocamos nos puede llevar a una mecanización absurda de la música. Tocar no es como montar un mueble de Ikea. Pensar en la música como si estuvieras siguiendo un manual de instrucciones hará que te sobresfuerces y el resultado será probablemente mediocre.

En lugar de eso, conocer bien la música que vas a tocar te ayudará a expresarte y comunicar mejor. ¿Quién se cansa de comunicar? ¿Alguna vez has tenido problemas de resistencia hablando? Probablemente sea porque estás más pendiente de lo que vas a decir que de soplar mientras hablas.

La expectativa importa

Al haber evolucionado en entornos hostiles, nuestro cerebro está dispuesto naturalmente a reservar una parte de energía por si necesitas correr delante de un león. A falta de evidencia en músicos, he encontrado algunos experimentos con deportistas que muestran esta pauta.

Puedes tanto como crees

“Tanto si crees que puedes, como si crees que no puedes: estás en lo cierto”.

Henry Ford

A Ford le funcionó para cambiar la forma de construir coches gracias a la producción en cadena, pero se puede interpretar de forma más literal. Cuando realizamos una tarea, regulamos el esfuerzo que invertimos en función de nuestras capacidades, pero también de lo que pensamos que va a durar esa actividad.

La resistencia no es un factor fácil de medir. No es lo mismo tocar durante 10 minutos el concierto de Tomasi, que notas largas en el registro grave. Lo mismo pasa en deportistas: no son iguales 1.000 zancadas subiendo una montaña que bajándola. Por eso es común utilizar movimientos repetitivos para estudiar la resistencia.

En este estudio, se analizó el rendimiento de cada participante dependiendo de su expectativa. Todos tenían que hacer 12 repeticiones a máxima intensidad de curl de bíceps, pero se hicieron 3 grupos, cada uno con diferente información:

  • Desconocido (Unknown): comenzaban sin saber cuántas repeticiones tenían que hacer. Durante la 11ª repetición, se les avisaba que sólo faltaba una.
  • Engaño (Deception): pensaban que harían 6 repeticiones, pero antes de acabar, se les dijo que siguieran. Igual que al primer grupo, se les avisó en la penúltima repetición.
  • Grupo de control: en todo momento sabían que iban a hacer 12 repeticiones.
Representación gráfica de los resultados de los tests. Fuente: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/24658878

Me parecen interesantes dos aspectos de esta experiencia. Por una parte, el grupo que rindió mejor fue el engañado, es decir, el que en principio tenía que hacer menos repeticiones. Parece como si hubieran podido engañar a su cerebro para que les dejara hacer más esfuerzo. Por otra parte, la última repetición fue más intensa que la penúltima en todos los casos, aunque debería de ser cuando están más cansados.

Aguantas más que tú mismo

Como sabes, el mundo de la música puede ser terriblemente competitivo. Paradójicamente, muchos de los artistas de primer nivel no muestran ningún signo de competitividad con los otros, sino consigo mismos. Esta estrategia, además de hacer tu estudio más llevadero, parece ser bastante efectiva para mejorar la resistencia.

Por ejemplo, se observó que los ciclistas que competían contra sí mismos tenían mayor tolerancia al esfuerzo. Primero les hacían dar una vuelta de 4km a máxima intensidad. Después, les hacían competir contra su marca anterior, que veían en una pantalla. Casi todos lograron igualar su marca, sin saber que había sido acelerada virtualmente por los investigadores un 2%. En otras palabras, consiguieron engañar a su cerebro para lograr una mayor intensidad que durante su esfuerzo máximo (estudioestudio).

En nuestro caso, la resistencia se puede trabajar con velocidades cada vez más lentas. Esto significa que, una vez alcanzada la velocidad a la que queremos tocar, podemos hacer pases a velocidades ligeramente inferiores.

Conclusiones

No tenemos por qué sufrir innecesariamente cuando tocamos. Para evitarlo, siempre podemos mejorar nuestra técnica –especialmente el sonido y la afinación–. Por otra parte, recordar que dependemos de un gran factor psicológico puede ayudarnos a preocuparnos menos por la resistencia, mejorando esta habilidad. Al fin y al cabo, al público no le importa cómo nos sentimos en el escenario, sino cómo les hacemos sentir.

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Un momento...

Te dejo las instrucciones en la bandeja de entrada. ¡Ánimo con esa trompeta!


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