En mi opinión, el fraseo es la parte de la música más sobrevalorada en el aula de estudio amateur y a su vez la más infravalorada en la profesional. Pienso esto porque la gente que ya toca bien cree que es algo natural (y por eso funciona), mientras que la gente que está todavía luchando por conseguirlo, cree que hay que darle muchas vueltas hasta que el fraseo esté bien (y eso les impide avanzar). Como he comentado en alguna ocasión, lo descubrí relativamente tarde, porque siempre me habían hablado de él de dos formas:

  1. Es algo subjetivo de lo que no te tienes que preocupar. No es importante prestarle mucha atención, porque dependerá de los gustos del público que te escuche.
  2. Es una consecuencia de la excelencia técnica. Aparecerá cuando hayas echado suficientes horas y tu técnica sea impecable.

Sin embargo, una de las críticas que recibía con frecuencia al pedir feedback en exámenes y audiciones era que me faltaba fraseo. Parece que era más importante de lo que me dijeron. Después de años dando tumbos, descubrí casualmente el libro de un celista llamado Nikolaus HarnoncourtLa música como discurso sonoro” que, aunque hable de barroco, me cambió completamente el concepto que tenía de la música.

Crecer con el lenguaje

¿Cuál es la diferencia entre un niño aprendiendo a leer y un locutor? El niño se equivoca, para y repite o, en el mejor de los casos, mantiene una lenta velocidad constante. Sin embargo, el locutor expresa una serie de matices que, sin estar escritos en el texto, van intrínsecos en el mensaje. ¿Cómo ha sucedido este cambio? La respuesta corta es: por la experiencia. Aunque, a pesar de la cantidad de texto a la que nos enfrentamos a diario en la sociedad actual, hay gente que pasa su vida sin desarrollar completamente esa habilidad. Así que, además de la repetición, el tipo de experiencia es también importante.

El secreto está en los grupos. El niño está pensando en juntar letras. Con el tiempo, empezará a gestionar palabras y más adelante empezará a poder leer grupos de palabras, ganando mucha fluidez y naturalidad. Porque, seguramente, la palabra “mar” no sonará igual dentro del grupo “el mar infinito” que en “un mar de caos y destrucción”.

Con la música pasa lo mismo: entender los grupos de notas nos ayuda a expresarla mejor. Además, como defiende Harnoncourt, aunque hoy en día se haya convertido en mero ornamento, antiguamente la música formaba parte de la vida de las personas, ya que se trataba de una forma de expresar sus sentimientos más irracionales, grotescos o íntimos.

Menos es más

Posiblemente hayas visto ya este video de la charla TED de Benjamin Zander. Nos cuenta el desarrollo de una estudiante desde que empieza a tocar el piano hasta que se convierte en profesional. Si todavía no los has visto, te invito a que veas al menos los primeros 5 minutos del vídeo y escuches a un gran músico explicar el efecto de las frases largas.

Y esto ya se le ocurrió a más gente antes que Zander, aunque sin duda el más conocido fue Marcel Tabuteau. Este señor fue un oboísta francés de principios del siglo pasado que se fue a América a tocar en la Orquesta Sinfónica de Nueva York al acabar su estudios en el Conservatorio de París. Por circunstancias de la vida acabó tocando en la Orquesta de Filadelfia y dando clases en el Curtis Institute of Music, donde tuvo muchos alumnos exitosos. Por eso, en Estados Unidos se le menciona como el creador de la escuela estadounidense de oboe, ya que hasta esa fecha tenían que importar músicos de Europa. Si queréis, podemos hablar más de este impresionante músico en la sección “Influencias positivas”, donde vemos las vidas de gente inspiradora.

Tabuteau ingenió un complejo sistema de números con relaciones para poder entender el sentido de la música cuando este no estaba especificado en la partitura. Una especie de instrucciones para desarrollar la intuición musical, basadas en el concepto de tensión y reposo. Esta idea la recogió del teatro de la Grecia Clásica, donde había unos pulsos tensos llamados arsis, donde solían situarse los saltos en las danzas, y las caídas, llamadasa tesis.

Ejemplo 1

Sucede a menudo que música, texto e incluso danza están consecuentemente relacionados. Por eso, además de inspirarse en las danzas de los griegos, Tabuteau comparó la melodía con la voz. Mira estos dos ejemplos de McGill de agrupación de notas según texto y lo entenderás enseguida.

Ejemplo 2

Como ves, cuando hablamos tendemos a agrupar notas, formando un ritmo característico. Por su similitud con las frases, llamamos fraseo a esta característica.

Por último quiero comentarte que, aunque Tabuteau no dejó nada escrito, su sistema se explica en libros de algunos de sus alumnos. Si quieres tener una visión general, te recomiendo “Note Grouping: A Method for Achiveing Expression and Style in Musical Performance” de James Thurmond, aunque si quieres una explicación en profundidad y llena de ejemplos, mejor lee “Sound in Motion: A Performer’s Guide to Greater Musical Expression” de David McGill.

Quédate con esto de momento

Un sonido no significa nada, pero una palabra te da una idea. En función del contexto, esta idea se va amoldando hasta crear una paleta de emociones e ideas prácticamente ilimitada. Paralelamente, en la música sucede lo mismo. Aunque la música no expresa conceptos, sí transmite muy bien las emociones. Por tanto, entender el contexto de las notas es clave para darles sentido cuando tocas.

Muchas personas se han planteado cómo entrenar esa intuición. Más allá de compararlo con el lenguaje, y aun entendiendo el papel fundamental de la experiencia, Marcel Tabuteau desarrolló un sistema de proporciones que estimula el desarrollo musical. Este sistema, llamado Note Grouping, te ayudará a organizar las melodías en función de la armonía, el ritmo, los motivos y las dinámicas de forma muy simple. Pero esto lo veremos en la segunda parte de este post.

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