Imagino que has llegado a este blog porque te gusta tocar la trompeta. Lo que te voy a contar sirve también para otros instrumentos de viento metal, aunque yo lo uso para desarrollar la interpretación de mi instrumento. Si estás cansado de estudiar repitiendo una y otra vez los mismos ejercicios por inercia, te invito a que cambies tu plan. Es verdad que la repetición es fundamental para mejorar como intérpretes, pero estudiar bien es mucho más fácil de lo que creemos si nos centramos en los aspectos importantes. Cuando cantamos, aun desconociendo las partes del cuerpo exactas que utilizamos, tenemos un control elevado sobre la música. Se trata de desarrollar ese control no forzado que tenemos cuando, por ejemplo, cantamos.

¿Qué es tocar bien?

Sin artesanía, la inspiración es una simple caña sacudida por el viento.

Johannes Brahms

No es fácil responder a esta pregunta, pero por suerte no soy el primero en planteársela. Según explica Nikolaus Harnoncourt en La música como discurso sonoro, lo que hoy conocemos como música clásica se desarrolló a partir del habla, que se fue “musicalizando”. Con el tiempo, estos discursos se fueron desarrollando cada vez más, hasta llegar a música tan diferente como Rapsody in Blue de Gershwin o Turangalîla-Symfonie de Messiaen. Por tanto, la música occidental nunca fue una serie de normas innegociables que debían de replicarse generación tras generación, sino más bien una forma de comunicarse. No es casualidad que lo primero que se enseña en las escuelas de música sea lenguaje musical.

En el campo de viento metal, Arnold Jacobs fue un gran precursor de presentar la música como un mensaje, que él llamó canción. Su enfoque pedagógico fue Song and Wind y se divulgó ampliamente por todo el mundo. En líneas generales, aunque su pedagogía recoge una gran cantidad de recursos técnicos y de respiración, se centraba en prestar la máxima atención a la música. Era tubista, pero este enfoque ayudó a gente de campos tan diversos como cantar o tocar la trompeta o el oboe.

Aunque este gran maestro no dejó ningún tratado escrito, algunos de sus alumnos escribieron muy detalladamente sobre él, tanto como persona como profesor (Bryan Fredericksen, Bruce Nelson, Kristian Steenstrup). Por tanto, estaremos hablando de una buena interpretación cuando se produzca la transmisión eficiente de un mensaje.

Descubre el mensaje

Lo primero que tendremos que tener claro es qué queremos transmitir. La música es por definición una organización sensible y coherente de sonidos y silencios, por lo que es bastante común no disponer de las palabras para definirla. ¿Entonces qué hacemos? Pues escuchar tantas versiones como sea posible y documentarse para intentar entender en qué contexto se ha producido esa obra y empatizar con el autor en ese momento. Cuantas más partes del puzle consigas descifrar, más fácil te será estimular el flujo musical. Cuando estés en este punto, toma decisiones, éstas te darán una interpretación propia y única. Y eso no se puede imitar.

Además, existen recursos más prácticos desde una perspectiva analítica. David McGill explica en la introducción de Sound in Motion que la música es movimiento. A través de su extenso libro, nos descubre una serie de recursos del sistema de análisis melódico de Marcel Tabuetau para empezar a mover nuestras interpretaciones. Pero de esto ya hablaremos con más detenimiento.

Pero toda esta teoría sirve de poco sin la práctica. Así que canta todo lo que toques para saber exactamente cuál es tu meta. Cuantos más detalles incluyas, mejor. Puede ser un poco intimidante al principio si no tienes el hábito de cantar, pero pruébalo, funciona.

Optimiza la comunicación al tocar la trompeta

Ya con el mensaje claro, sólo hay que averiguar cómo lo queremos transmitir al instrumento. Y para eso vamos a trabajar estas cinco habilidades principales:

Ritmo: determina el espacio de cada elemento sonoro de tu interpretación así que es el más básico, puesto que te permite anticipar constantemente el siguiente elemento (nota o motivo).

Afinación: refuerza el carácter armónico de la pieza, y se vuelve crucial cuando tocamos en grupo. Además, una clara idea del centro de las notas influirá inmediatamente en el sonido y hará que el instrumento responda mejor.

Fraseo: si el sonido es la voz, el fraseo es el idioma, y siempre va a estar relacionada con el estilo de la pieza. Formado por la combinación indivisible de articulación y dinámica, el fraseo te permitirá articular y dar sentido a tu discurso sonoro.

Sonido: es tu voz, y por tanto siempre va a estar bien. Ahora bien, un sonido ineficiente puede limitar seriamente tu interpretación así que es importante mantenerlo rico en armónicos (o sano). Además, un sonido eficiente mejorará muchísimo la afinación y fraseo.

Mucha gente utiliza el símil de la paleta de colores. A mí me gusta más pensar en un kit de supervivencia para tocar la trompeta: imagina que tienes la herramienta adecuada cada vez que te surge un problema. ¿No sería todo más fácil?

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